Emsavalles| | Sábado, 29 de Noviembre de 2025| 11:32
La posibilidad que todos tenemos de grabar un espectáculo nos impide conectar con él. Y también generar ideas comunes sobre un evento, piensan especialistas
Uso de celulares
Cuando registramos con el celular experiencias como conciertos u obras de teatro, creemos capturar un momento de gozo, cuando en realidad nos aislamos de él, coinciden expertos. otoarte: Horacio Sierra
Hay decenas de ejemplos de documentales creados con miles de horas de grabación. Desde los clásicos del alemán Werner Herzog que ha homenajeado grandes historias como en Grizzly Man (sobre Timothy Treadwell) hasta El guardián de las monarcas (que habla del activista Homero Gómez y su defensa del santuario de mariposas monarca antes de su muerte), de Emiliano Ruprah; ejemplos de cómo grabaciones cotidianas pueden convertirse en mensajes sociales y obras de arte.
En la actualidad, es raro quien no grabe de forma cotidiana, desde eventos aislados hasta momentos colectivos históricos. Movimientos sociales, pero sobre todo, espectáculos en vivo. Pareciera que hoy día es más importante contar a las redes sociales que uno estuvo en un evento, que estar en el evento en sí.
Hace unas semanas, durante un concierto, Ed Maverick pidió a sus fans que guardaran su celular para que pudieran disfrutar mejor el momento. Enojado, Bunbury detuvo un concierto en Ecuador por lo mismo hace unos meses.
El teatro no es la excepción. Grabar en momentos claves, contestar un mensaje o ponerse a navegar distrae no sólo a los actores, sino al público alrededor.
Actores, productores, cineastas y cantantes opinan. Hay a quien le da igual, otros, lo consideran una falta de respeto.
El documentalista Emiliano Ruprah analiza las que él percibe desde su posición.
"Creo que estamos perdiendo la capacidad de mirar juntos, y con ello, una forma de comunión que el cine representaba. Antes, una sala oscura era un espacio colectivo de silencio, de entrega. Hoy la atención se fragmenta: las pantallas, las notificaciones, los algoritmos nos entrenan para no sostener la mirada. El cine sufre porque exige tiempo, paciencia y empatía, y esas son cualidades en extinción. Pero también creo que eso abre una oportunidad: la de hacer películas que reclamen esa atención, que obliguen a mirar, que nos devuelvan la experiencia de estar presentes frente a una historia", sostiene en entrevista a Excélsior.
Además de estos aspectos que reconoce, se están perdiendo por el ímpetu de grabar todos los momentos de la vida, y observa que la imagen, y su valor, pueden ir en un detrimento, pues ahora cualquiera puede producirla desde su celular, y no pertenece a algunos que trabajan para darle sentido a esa imagen.
"Claro, todo depende del impulso detrás del gesto. Cuando grabamos para recordar o compartir, hay participación; cuando grabamos por miedo a perder algo, hay distancia. En los conciertos o en la vida cotidiana, muchas veces la cámara se convierte en una barrera emocional: creemos capturar el instante, pero en realidad lo postergamos. En mi trabajo documental intento que la cámara sea una extensión del cuerpo y no una muralla; grabar puede ser una forma de estar más atentos, pero sólo si hay conciencia de lo que se está mirando", reflexiona Emiliano.
Pablo Lombardini, otro cineasta mexicano ganador a Mejor Película en el Festival Internacional de Cine de Morelia por la ficción La reserva, apoyándose en las reflexiones de su colega, ve en el cine la posibilidad de volver a mirar juntos, de compartir.
"La importancia de que una película sea vista en una sala cinematográfica, en independencia de su calidad o sus atributos tecnológicos, es que nos brinda una experiencia colectiva en la que experimentamos emociones en compañía de otros. Experiencias de esta índole, sean conciertos o eventos de cualquier naturaleza, son de vital importancia para contrarrestar el efecto atomizador de las tecnologías a nuestro alcance y para fortalecer el sentido de comunidad."
Pero hay algo, insisten ambos, todavía más riesgoso, la cantidad de imágenes que hoy se producen, pueden significar un riesgo.
"El acto de capturar imágenes siempre conllevará el riesgo de que, en el deseo de perpetuar una imagen, nos distanciamos del momento. Hoy día que el lenguaje audiovisual es empleado por todos nosotros para comunicarnos, es importante reconocer el riesgo de aislarnos que surge de participar en ese juego", asegura Lombardini.
Esos micromomentos capturados por millones de personas pueden provocar por consecuencia que se disipen las verdades. Algo así como una posmodernidad (corriente que cuestiona las verdades absolutas y mezcla estilos e ideas sin reglas fijas) de la imagen, donde los grandes discursos no importan y se privilegia el punto de vista individual, basado sólo en lo que cree cada quien y no una verdad colectiva.
"Tenemos más registros que nunca, pero menos relatos. La memoria colectiva necesita sentido, no solo evidencia. Las imágenes sin contexto se vuelven ruido, pero las imágenes trabajadas, interpretadas, pueden convertirse en memoria viva. Por eso el documental sigue siendo tan necesario: porque transforma el archivo en narrativa, y el registro en significado", concluye Emiliano.
emsavalles© 2006 - 2025 Todos los derechos reservados. Queda prohibida la publicación, retransmisión, edición y cualquier otro uso de los contenidos sin previa autorización.
Emsavalles Publicidad, Escontría, 216-A, Zona Centro, Ciudad Valles, S.L.P. Tel:481-382-33-27 y 481-381-72-86. emsavalles@hotmail.com. contabilidad@emsavalles.com
No. de Certificado de Reserva Otorgado por el Instituto Nacional del Derecho de Autor: 04-2021-071615041800-203