Lunes, 30 de Marzo de 2026
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Se necesita nacer de nuevo

Se necesita nacer de nuevo

Héctor de Luna Espinosa



Nicodemo era fariseo y miembro del concilio llamado Sanedrín, un grupo de líderes religiosos que Jesús y Juan el Bautista criticaron a menudo por su hipocresía. En una ocasión, Juan el Bautista dijo que, al ver que muchos de los fariseos y de los saduceos venían a su bautismo, les dijo: generación de víboras. Muchos fariseos estaban celosos de Jesús porque socavaba su autoridad y rebatía sus puntos de vista, pero Nicodemo indagaba y creía que Jesús tenía respuestas. Aunque era un erudito, fue a Jesús para instruirse, de lo que aprendemos que no importa cuán inteligente o educado uno sea, debe acercarse a Cristo con un corazón abierto y dispuesto, a fin de que le enseñe la verdad acerca de Dios.

El evangelio de Juan, capítulo tres, nos cuenta la historia. Empezando en el versículo uno, dice: había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos. Este vino a Jesús de noche y le dijo: Rabbí, sabemos que has venido de Dios como maestro, porque nadie puede hacer estas señales que tú haces si no está Dios con él. Respondió Jesús y le dijo: de cierto, de cierto te digo que el que no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios. Nicodemo le dijo: cómo puede un hombre nacer siendo viejo, puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre y nacer. Respondió Jesús: de cierto, de cierto te digo que el que no naciere de agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es, y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: os es necesario nacer de nuevo.

Nicodemo temía o se avergonzaba de ser visto con Cristo; por tanto, acudió de noche. Cuando los asuntos de Dios están fuera de moda, hay muchos Nicodemos, pero aunque vino de noche, Jesús lo recibió, y por ello nos enseña a promover los buenos comienzos, aunque sean débiles. Aunque esta vez vino de noche, después reconoció públicamente a Cristo. No habló con Cristo de asuntos de estado, aunque era un gobernante, sino de los intereses de su propia alma y de su salvación.

Nuestro Salvador habla de la necesidad y naturaleza de la regeneración o nuevo nacimiento, y de inmediato llevó a Nicodemo a la fuente de su necesidad. Le dijo: de cierto, de cierto te digo que el que no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios. El nacimiento es el comienzo de la vida; nacer de nuevo es empezar a vivir de nuevo, como los que han vivido muy equivocados o con poco sentido. Debemos tener una nueva naturaleza, nuevos principios, nuevos afectos, nuevas miras. Por nuestro primer nacimiento somos corruptos, formados en el pecado; por tanto, debemos ser hechos nuevas criaturas. No podía haberse elegido una expresión más fuerte para significar un cambio de estado y de carácter grande y muy notable.

Debemos ser enteramente diferentes de lo que fuimos antes, como aquello que empieza a ser en cualquier momento no es y no puede ser lo mismo que era antes. Este nuevo nacimiento es del cielo y te lleva al cielo; es un cambio grande hecho en el corazón del pecador por el poder del Espíritu Santo. Significa que algo es hecho en nosotros y a favor de nosotros que no podemos hacer por nosotros mismos, algo obra por lo que empieza una vida que durará para siempre. De otra manera, no podemos esperar un beneficio de Cristo; es necesario para nuestra felicidad aquí y en el más allá.

Nicodemo entendió mal lo que dijo Cristo, como si no hubiera otra manera de regenerar y moldear de nuevo un alma inmortal que volver al vientre materno. Nicodemo le dijo: cómo puede un hombre nacer siendo viejo, puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre y nacer. Al hacer esas preguntas, reconoció su ignorancia, lo que muestra el deseo de ser mejor informado. Entonces el Señor Jesús explica más, muestra al autor de este bendito cambio: no es obra de nuestra sabiduría o poder propio, sino el poder del Espíritu Santo.

Somos formados en iniquidad, lo que hace necesario que nuestra naturaleza sea cambiada. No tenemos que maravillarnos de esto, porque cuando consideramos la santidad de Dios, la depravación de nuestra naturaleza y la dicha puesta ante nosotros, no tenemos que pensar que es raro que se ponga tanto énfasis sobre esto. Al igual que Nicodemo, tú y yo necesitamos nacer de nuevo; somos pecadores y necesitamos la intervención divina para cambiar nuestro estatus.

Si así lo crees, acompáñame a orar: Señor Jesús, hoy venimos a ti, el único que puede salvarnos y cambiarnos. Te entregamos nuestras vidas, borra nuestro pasado, haznos ser como nuevas criaturas. Sé nuestro Señor y Salvador. Amén.

 


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