Viernes, 28 de Agosto de 2026
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La lepra

La lepra

Héctor de Luna Espinosa



En la Biblia, la palabra lepra se menciona más de 40 veces, dependiendo de la versión bíblica que se esté utilizando. La lepra era común en los tiempos bíblicos. La razón principal por la que se habla tanto de la lepra en la Biblia es que es un ejemplo gráfico del poder destructivo del pecado. En el antiguo Israel, la lepra era una poderosa lección sobre la influencia del pecado en la vida de una persona.

Dios les había dado a los israelitas unas instrucciones muy claras sobre cómo tratar la lepra y otras enfermedades de la piel. Todos los sospechosos de tener esta enfermedad tenían que ir a un sacerdote para que los examinara. El leproso se consideraba totalmente impuro, física y espiritualmente, siendo imposible que el hombre la pueda sanar. Muchos pensaban que Dios castigaba a la gente con la maldición de la lepra por los pecados que cometían.

De hecho, los leprosos eran tan despreciados y odiados que no se les permitía vivir en ninguna comunidad con su propio pueblo. A un leproso no se le permitía acercarse ni a 2 m de cualquier persona, incluyendo a su propia familia. La enfermedad era considerada algo tan repugnante que al leproso no se le permitía acercarse a menos de 45 m de cualquier persona cuando el viento soplaba.

Los leprosos vivían en una comunidad junto con otros leprosos hasta que se recuperaban o morían. Esta era la única forma en que el pueblo sabía controlar la propagación de las distintas formas de lepra.

La Biblia nos cuenta la historia de un leproso que fue la primera persona en ser sanada por Jesús. En Mateo capítulo 8, del versículo 1, 2 en adelante, nos cuenta: «Y he aquí, vino un leproso y se postró ante él, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme. Jesús extendió la mano y le tocó, diciendo: Quiero, sé limpio. Y al instante su lepra desapareció. Entonces Jesús le dijo: Mira, no lo digas a nadie, sino ve, muéstrate al sacerdote y presenta la ofrenda que ordenó Moisés para testimonio a ellos».

La principal lección que debemos aprender de este hecho es que el pecado nos contamina a los ojos de Dios, pero a través de Cristo podemos ser sanados de la plaga del pecado que nos separa de Dios. El pecado nos prohíbe acercarnos a la presencia de Dios porque Dios no permite que el hombre pecador entre en su presencia. Esto incluye cualquier forma de desobediencia y rebelión. Todo pecado es abominable para Dios, pero los que han sido redimidos del pecado por gracia mediante la fe en Cristo pueden estar en la presencia de Dios, confiados en que somos aceptados gracias al sacrificio ofrecido por Cristo en la cruz.

Otra importante lección que aprendemos del leproso en el evangelio de Mateo es que, al igual que el leproso, podemos acercarnos a Jesús con confianza y con toda nuestra necesidad, con todo nuestro pecado y nuestra contaminación. Cuando pidamos que nos limpie y nos perdone, él no nos rechazará. Hebreos 4, versículo 16, nos dice: «Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro».

Te invito a orar conmigo:

Jesús, me acerco a ti y reconozco mi pecado. Tócame y límpiame de mi maldad. Sé mi Salvador y Señor. Amén.

 


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