En materia ambiental, cada descuido cuenta. Y como lo ha demostrado esta temporada, basta uno solo para convertir una omisión en desastre.
San Luis Potosí atraviesa semanas complejas en materia ambiental. Incendios forestales, contingencias industriales y una creciente presión sobre los ecosistemas han encendido las alertas en las autoridades, pero también han dejado al descubierto una problemática más profunda: la persistente falta de cultura ambiental en distintos sectores de la sociedad.
La titular de la Secretaría de Ecología y Gestión Ambiental (SEGAM), Sonia Mendoza Díaz, lo resume sin rodeos al detallar el panorama actual: "llevamos 63" incendios forestales en lo que va de la temporada. La cifra no es menor, aunque contrasta con un dato que ofrece un respiro: en las últimas dos semanas no se han registrado nuevos siniestros. Sin embargo, lejos de generar confianza, esto ha derivado en una vigilancia permanente por parte de las autoridades, quienes se mantienen en sesión continua dentro del comité de combate a incendios.
INCENDIOS Y CONTINGENCIAS: LA ALERTA EN SAN LUIS POTOSÍ
El periodo crítico, comprendido entre enero y junio, obliga a mantener activos todos los protocolos. Pero más allá de la reacción institucional, la funcionaria apunta a un problema estructural: la mayoría de los incendios no son accidentes inevitables, sino consecuencia directa de la actividad humana. "60 por ciento más es provocado por la acción humana", advierte, dejando en evidencia que el origen del problema no está en la naturaleza, sino en los hábitos.
Colillas de cigarro arrojadas sin cuidado, quemas no autorizadas, fogatas mal apagadas e incluso el efecto de un vidrio expuesto al sol pueden detonar tragedias. En este contexto, episodios como el registrado en la sierra cercana a Ciudad del Maíz, donde se afectaron zonas naturales de alto valor ecológico, se convierten en recordatorios de lo frágil que puede ser el equilibrio ambiental frente a la negligencia.
ENTRE EL FUEGO Y LA RESPONSABILIDAD CIUDADANA
El trabajo coordinado entre SEGAM, Protección Civil, CONAFOR y otras instancias ha comenzado a rendir resultados, particularmente en zonas cañeras donde históricamente las quemas agrícolas han sido un detonante de incendios. A través del diálogo con productores, se ha logrado reducir prácticas como las segundas quemas.
"Ha disminuido gracias a la concientización que hemos hecho con los cañeros", explica Mendoza Díaz, quien destaca que, a diferencia del año anterior, la región Huasteca presenta una reducción significativa en incendios activos. No obstante, el avance es frágil y depende de la continuidad en la vigilancia y el cumplimiento de acuerdos.
El problema, sin embargo, no se limita al ámbito rural. La reciente contingencia en la zona industrial evidenció fallas en protocolos y posibles omisiones en medidas de seguridad. Aunque aún se investigan las causas, el incidente puso en riesgo a trabajadores y habitantes cercanos, revelando que el desafío ambiental también se encuentra en los centros productivos.
SEGAM EN GUARDIA PERMANENTE ANTE EMERGENCIAS
Frente a este escenario, la autoridad ambiental insiste en la corresponsabilidad. "Todos debemos... cuidar no solo nuestro patrimonio sino lo más importante que es la integridad física", subraya la funcionaria. La frase no es menor, pues desplaza el enfoque del daño ecológico hacia sus consecuencias humanas.
En el ámbito empresarial, las inspecciones se han intensificado. Según lo expresado por la titular de SEGAM, existe una supervisión constante para garantizar que las empresas cumplan con la normatividad ambiental. En caso de irregularidades, las sanciones pueden llegar hasta la clausura.
Un ejemplo reciente fue la intervención en una cementera tras detectarse una fuga que generó contaminación. "Inmediatamente nosotros acudimos a suspender", señaló, dejando claro que la reacción institucional busca ser más ágil ante este tipo de incidentes.
CUANDO EL DESCUIDO SE CONVIERTE EN DESASTRE
La propuesta de instalar nuevas casetas de monitoreo, tanto en la zona industrial como en municipios como Tamuín, busca cerrar esa brecha histórica. Sin embargo, el reto no es únicamente técnico, sino cultural.
Las recomendaciones emitidas —uso de cubrebocas, evitar actividades físicas intensas, proteger a grupos vulnerables— reflejan una realidad que podría escalar si no se atienden las causas de fondo. La contaminación, al igual que los incendios, no es un fenómeno aislado, sino el resultado de decisiones acumuladas.
En este sentido, el llamado de la autoridad no es solo preventivo, sino urgente: "tomar conciencia... vigilar y tener las medidas". La insistencia revela que, pese a los avances, el riesgo sigue latente.
San Luis Potosí enfrenta así un momento decisivo. Entre cifras que preocupan y acciones que intentan contener el daño, la verdadera solución parece estar más allá de las instituciones. Está en la conducta cotidiana de ciudadanos, productores y empresas.
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