Viernes, 03 de Julio de 2026
CIUDAD VALLES, S.L.P.
DIRECTOR GENERAL.
SAMUEL ROA BOTELLO
Semana del 03 de Julio al 09 de Julio de 2026

Trump y su estrategia para américa latina

Trump y su estrategia para américa latina

Mike Vigil | exjefe de Operaciones Internacionales



La nueva batalla por México ya no se libra en la frontera, sino en la política

La relación entre México y Estados Unidos ha transitado durante décadas por caminos complejos. La cooperación en materia de seguridad, combate al narcotráfico, intercambio de inteligencia y persecución de organizaciones criminales ha permitido construir mecanismos institucionales que, con aciertos y errores, han servido para enfrentar amenazas comunes. Sin embargo, existe una diferencia enorme entre la cooperación bilateral y el intervencionismo político.

Hoy esa línea parece cada vez más delgada.

En los últimos meses ha quedado claro que la estrategia impulsada desde Washington dejó de concentrarse exclusivamente en el combate al crimen organizado para extenderse al terreno político. La seguridad se ha convertido en una herramienta de presión diplomática y electoral que busca influir en el rumbo de diversos países de América Latina.

No es un fenómeno nuevo.

Ya se ha observado en distintos momentos de la historia reciente de la región. Gobiernos, candidatos y partidos políticos han enfrentado presiones derivadas de intereses geopolíticos que poco tienen que ver con las necesidades internas de sus ciudadanos. Lo preocupante es que México parece haberse convertido ahora en una de las piezas centrales de esa estrategia.

Durante mucho tiempo se habló de una posible intervención militar directa contra los cárteles mexicanos. Esa narrativa generó enormes debates sobre la soberanía nacional, el derecho internacional y la cooperación entre ambos países. Sin embargo, conforme esa posibilidad fue perdiendo viabilidad política y jurídica, comenzó a tomar fuerza otra ruta mucho más sofisticada: influir en las decisiones políticas internas utilizando el combate al crimen organizado como argumento principal.

Ese cambio merece ser analizado con enorme cuidado.

El narcotráfico representa una amenaza real para México y para Estados Unidos. Nadie puede minimizar el daño que han provocado las organizaciones criminales en ambos lados de la frontera. Sin embargo, convertir esa lucha en un instrumento de presión política termina debilitando la cooperación que durante décadas permitió avances importantes.

Las investigaciones deben sustentarse en pruebas.

Las acusaciones también.

Cuando se señalan posibles vínculos entre servidores públicos y organizaciones criminales, corresponde a las instituciones presentar evidencia sólida, verificable y jurídicamente sustentable. De otra forma, el combate a la corrupción corre el riesgo de convertirse en una disputa política más que en un verdadero ejercicio de justicia.

Ese principio debe aplicarse sin excepción.

No importa si se trata de funcionarios mexicanos, estadounidenses o de cualquier otro país. La justicia pierde legitimidad cuando se utiliza selectivamente o cuando parece responder más a intereses políticos que a criterios legales.

Otro aspecto que merece reflexión es la evidente contradicción existente dentro del propio sistema estadounidense.

Mientras se endurecen los discursos contra la migración y se incrementan las presiones diplomáticas hacia México, continúan operando redes económicas que permiten el ingreso de recursos provenientes de actividades ilícitas. El tráfico de drogas, el lavado de dinero, el comercio ilegal de combustibles y otras actividades criminales no podrían sostenerse sin estructuras financieras y comerciales que también existen del lado estadounidense.

Combatir únicamente un extremo del problema resulta insuficiente.

La seguridad compartida exige responsabilidades compartidas.

No basta con exigir resultados a México si al mismo tiempo no se fortalecen los mecanismos para impedir que los mercados ilegales continúen funcionando dentro de Estados Unidos. El crimen organizado opera como una estructura transnacional y requiere respuestas igualmente coordinadas.

También preocupa la creciente utilización del discurso de seguridad como herramienta electoral.

Cada proceso político parece incorporar nuevas amenazas, nuevas listas de presuntos responsables y nuevas declaraciones que elevan la tensión diplomática. Ese ambiente termina contaminando la cooperación institucional y dificulta que ambas naciones construyan soluciones de largo plazo.

México enfrenta enormes desafíos internos.

El combate al crimen organizado, la corrupción, el robo de combustibles, el tráfico de armas y el fortalecimiento de las policías siguen siendo tareas pendientes que requieren decisiones firmes. Pero esas decisiones deben surgir desde las instituciones mexicanas, respetando plenamente la soberanía nacional y los mecanismos establecidos por la ley.

México y Estados Unidos seguirán siendo vecinos, socios comerciales y aliados estratégicos. Precisamente por ello, la fortaleza de esa relación dependerá de mantener un principio irrenunciable: colaborar siempre, pero sin renunciar jamás a la soberanía nacional.

facebook. emsamedia
X. @emsavalles
sitio web. emsavalles.com
e-mail. emsavalles@hotmail.com

 


emsavalles© 2006 - 2026 Todos los derechos reservados. Queda prohibida la publicación, retransmisión, edición y cualquier otro uso de los contenidos sin previa autorización.
Emsavalles Publicidad, Escontría, 216-A, Zona Centro, Ciudad Valles, S.L.P. Tel:481-382-33-27 y 481-381-72-86. emsavalles@hotmail.com. contabilidad@emsavalles.com
No. de Certificado de Reserva Otorgado por el Instituto Nacional del Derecho de Autor: 04-2021-071615041800-203 04-2022-080212185100-30.