Vivimos rodeados de cosas que tienen principio y fin. Un día nacemos, crecemos, envejecemos y un día dejamos este mundo. Todo lo que conocemos parece estar limitado por el tiempo. Por eso, cuando escuchamos la palabra eternidad, nuestra mente encuentra una barrera difícil de cruzar. ¿Cómo imaginar algo que nunca comenzó? ¿Cómo comprender algo que nunca terminará?
La respuesta es que, por nosotros mismos, no podemos. Somos seres finitos intentando comprender a un Dios infinito.
La Biblia nos revela una gran verdad. En el Salmo 90, versículo 2, leemos: «Antes que naciesen los montes y formases la tierra y el mundo, desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios».
Dios no tuvo un principio. Nadie lo creó. Él siempre ha existido. Antes de que existiera el Universo, antes del tiempo, antes de la materia, Dios ya era Dios.
Nosotros somos diferentes. Hubo un momento en que no existíamos. Dios nos dio la vida. Nuestra existencia tuvo un comienzo. Sin embargo, aunque nuestra vida tuvo un inicio, no tiene por qué tener un final definitivo. Dios desea que vivamos con él para siempre.
Jesús lo explicó con una de las promesas más conocidas de las Escrituras. En Juan 3, versículo 16, dice: «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda». Pero luego concluye diciendo: «Mas tenga vida eterna».
Nota que Jesús no promete simplemente una vida más larga. Promete vida eterna.
La eternidad no consiste únicamente en vivir para siempre; es vivir para siempre en la presencia de Dios, disfrutando de una relación perfecta con nuestro Creador.
El ser humano fue creado para algo más grande que unos cuantos años sobre esta tierra. En nuestro corazón existe un deseo de trascendencia, porque fuimos creados por un Dios eterno.
El sabio Salomón escribió en Eclesiastés 3, versículo 11, que Dios ha puesto eternidad en el corazón de ellos. Hay algo dentro de nosotros que anhela aquello que nunca termina.
Por eso, los logros, el dinero, la fama o los placeres nunca logran satisfacernos completamente. Todos son temporales. Solo el Dios eterno puede llenar el vacío de un corazón creado para la eternidad.
El apóstol Pablo nos anima a mirar más allá de lo visible cuando escribe en 2 Corintios 4:18: «No mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas».
Vivimos en un mundo donde todo cambia. La salud cambia, la economía cambia, las personas cambian. Incluso los imperios más poderosos de la historia desaparecen. Pero Dios permanece. Sus promesas permanecen. Su amor permanece. Su reino permanece. Y quienes han puesto su fe en Jesucristo también permanecerán para siempre con él.
Quizá hoy te preguntes qué sucederá después de esta vida. La Biblia responde con claridad: existe una eternidad. La verdadera pregunta no es si vivirás eternamente, sino dónde pasarás esa eternidad.
Jesús vino precisamente para abrirnos el camino hacia el Padre. Él murió y resucitó para vencer el pecado y la muerte, ofreciendo vida eterna a todo aquel que cree en él.
¡Qué privilegio saber que, aunque nuestra historia comenzó un día, gracias a Cristo nunca tendrá un final! Un día veremos al Dios eterno cara a cara y disfrutaremos para siempre de su presencia.
Hoy es una buena oportunidad para confiar en Jesucristo. Si ya lo has hecho, vive cada día recordando que lo eterno vale mucho más que lo temporal. Y si aún no has puesto tu fe en él, recuerda que la invitación sigue abierta. Dios quiere darte el regalo de la vida eterna.
Quizá hoy has vivido pensando únicamente en lo temporal, pero Dios te invita a mirar más allá de esta vida y a poner tu esperanza en aquel que nunca tendrá fin.
Si deseas recibir este regalo de la vida eterna, puedes hacer esta sencilla oración conmigo:
Señor Jesús, hoy reconozco que necesito de ti. Creo que moriste en la cruz por mis pecados y que resucitaste para darme una vida nueva. Perdona mis pecados, entra en mi corazón y sé el Señor y Salvador de mi vida. Hoy pongo mi confianza en ti y recibo el regalo de la vida eterna que has prometido. Ayúdame a vivir para ti todos los días de mi vida, hasta el día en que pueda estar para siempre en tu presencia. En tu nombre, Jesús. Amén.
emsavalles© 2006 - 2026 Todos los derechos reservados. Queda prohibida la publicación, retransmisión, edición y cualquier otro uso de los contenidos sin previa autorización.
Emsavalles Publicidad, Escontría, 216-A, Zona Centro, Ciudad Valles, S.L.P. Tel:481-382-33-27 y 481-381-72-86. emsavalles@hotmail.com. contabilidad@emsavalles.com
No. de Certificado de Reserva Otorgado por el Instituto Nacional del Derecho de Autor: 04-2021-071615041800-203