Héctor de Luna Espinosa
Durante los 40 años que transcurrieron entre la salida de los israelitas de Egipto y su entrada en la tierra prometida, enfrentaron condiciones difíciles, incluyendo la escasez de alimento. Para aliviar este problema, Dios proveyó milagrosamente a los israelitas con pan del cielo, llamado maná. El maná aparecía cada mañana, y los israelitas recibieron instrucciones específicas sobre cómo recolectarlo.
¿Qué era el maná? Curiosamente, los propios israelitas hicieron esa misma pregunta, ya que al verla, los israelitas se dijeron unos a otros: «¿Qué es esto?», porque no sabían lo que era. «Es el pan que el Señor les da para comer», les dijo Moisés. La palabra hebrea traducida como maná literalmente significa «¿qué es esto?».
La Biblia no describe la composición química del maná. Todo lo que se nos dice es que era como la semilla de cilantro, blanco, y su sabor era como de hojuelas con miel. En el Salmo 78, versículo 24, se refiere al maná como trigo de los cielos, y el versículo siguiente lo llama pan de nobles. Así que el maná parece haber sido un pan literal que Dios hacía aparecer milagrosamente cada mañana durante la travesía del pueblo de Israel por el desierto. El milagro del maná cesó poco después que los israelitas entraron en la tierra prometida.
Más importante que las cualidades físicas del maná es lo que este anticipaba. El maná es una figura o un símbolo profético de Jesús. Después de que Jesús alimentó milagrosamente a los 5 000, la gente le pidió que les diera siempre ese pan. Jesús trató de desviar su atención del pan físico y dirigirla hacia el verdadero pan de vida.
En Juan, capítulo 6, de los versículos 32 al 35, menciona: «Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo, no os dio Moisés el pan del cielo, mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo, porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo». Le dijeron: «Señor, danos siempre este pan». Jesús les dijo: «Yo soy el pan de vida; el que a mí viene nunca tendrá hambre, y el que en mí cree no tendrá sed jamás».
Tristemente, la gente no logró apartar su mente del pan físico el tiempo suficiente como para comprender la verdad espiritual que Jesús les estaba declarando. Estaban más preocupados por el estado de su estómago que por el estado de su alma.
Así como Dios proveyó maná a los israelitas para salvarlos del hambre, ha provisto a Jesucristo para la salvación de nuestras almas. El maná literal salvó temporalmente a los israelitas de la muerte física; el maná espiritual nos salva de la muerte.
Y en Juan 6:49, Jesús dijo: «Vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron. Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él come no muera. Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo».
Acompáñame a orar.
Jesús, tú eres el pan del cielo que nos envió el Padre. Entra en mí para que yo pueda vivir. Sé mi Señor y Salvador. Amén.
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