www.excelsior.com.mx| | Sábado, 14 de Marzo de 2026| 11:32
El beisbolista Randy Arozarena presume una aceptación que no se observa entre los futbolistas
Todo mundo ama a Randy Arozarena, especialmente los mexicanos. No importa que sea cubano, cuando se pone la franela de la selección es más nacional que el pulque, el pozole y las pirámides.
En el beisbol el sentido de pertenencia no es tan recalcitrante como en el futbol, en el que un naturalizado es perseguido con lupa, asediado y muchas veces recriminado.
Lo de Arozarena por ejemplo, raya en lo dantesco y delirante. Es como si caminara sobre el agua. Bastaron un par de saltos en el jardín de un campo de beisbol para después cruzar los brazos o dar un hit y llegar a la base sonriendo. El son lo trae en las venas y eso gusta al latino y por supuesto a los mexicanos que bailan con su música.
Randy fue un fenómeno social en 2023, a tal grado que el presidente Andrés Manuel López Obrador, consumado fanático del beisbol, lo invitó a una mañanera y a repartir despensas. Arozarena, con un impecable traje blanco, se sintió conmovido.
"Le dije que la primera vez que lo vi batear, fildear y correr, sentí que estaba viendo a Roberto Clemente, ese pelotero puertorriqueño que perdió la vida por ir a ayudar a damnificados en Nicaragua y se cayó el avión", comentó López Obrador.
Lo de Randy Arozarena no fue premeditado, más aun, es inquietante. Llegó en lancha escapando del régimen cubano en 2015 a Isla Mujeres y empezó a jugar en ligas locales de Yucatán, para después irse a Tijuana y de ahí a Grandes Ligas. Cuando se naturalizó pasó casi desapercibido hasta que en 2023 figuró en el Mundial de beisbol.
México lo adoptó, lo quiso de inmediato y lo hizo uno más sin hacer cuestionarios. Randy pudo ser mexicano sin necesidad de tener papeles y nadie hubiera dicho nada.
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¿Naturalizados o discriminados?
El profesor e investigador de la Facultad de Derecho de Tijuana, Eduardo Gutiérrez recuerda el artículo 30 constitucional como un derecho para cualquier persona que desee la nacionalidad mexicana.
"Es una vía para que personas extranjeras obtengan la nacionalidad mexicana. Ésta por naturalización implica prácticamente los mismos derechos que la nacionalidad por nacimiento, salvo ciertas excepciones, como la ocupación de algunos cargos y funciones".
En ese sentido el futbol puede ser menos o más exigente, dependiendo de cómo se vea. Para que un jugador sea elegible, necesita vivir cinco años consecutivos en el país, repudiar a la federación de futbol de su lugar de origen y tener la naturalización oficial de parte del gobierno.
En ese sentido, México nunca ha estado exento de naturalizados. El primero fue en los años 30 con el peruano Julio Lores. En los años 50 era común la influencia española y varios participaron en mundiales siendo naturalizados como Carlos Blanco y Jorge Romo, hasta que en 2002 se abrió el debate con la incursión de Gabriel Caballero.
A la afición de futbol, a diferencia del beisbol, le incrimina que gente extranjera porte la camiseta nacional y cuestionan en general cada movimiento.
Sucede que la selección de beisbol está compuesta por muchos jugadores de Estados Unidos con algo de sangre mexicana y en el futbol es lo contrario. Los recientes naturalizados además, son de países con los que México ha tenido roces, como Argentina en lo deportivo y con España en el plano político.
"Esto último abre el debate a que en el fondo del rechazo a los naturalizados, en el futbol particularmente, se vislumbran ideas de nacionalismo e identidad nacional. Estos dos conceptos podrían conjugarse en la idea de que se trata de un sentimiento colectivo de pertenencia, en la que comparten muchos de los atributos como las creencias, las historias, el parentesco, la lengua, la religión, el territorio, etcétera", relata Eduardo Gutiérrez.
En el futbol se cuestiona que ciertos naturalizados no cumplen con la condición de sentirse genuinamente nacionales, más allá de la documentación legal.
Antonio Naelson Sinha es quizá el naturalizado que mejor rendimiento tuvo y se acopló con más destreza al sentimiento nacional. Sigue viviendo en México, en su amada Toluca y va por la vida cansino, casi como lo era en la cancha, elegante, tal cual a su forma de juego.
"No fui un naturalizado que jugó al futbol, sino un ciudadano mexicano que agradeció al país que le dio todo. El futbol no es de actas de nacimiento, sino de capacidades. Yo no podía permitirme ser un jugador regular, sino que debía ser mejor para justificar por qué estaba ahí".
Y lo cumplió. Metió dos goles en Alemania 2006 y fue aplaudido, algo que no le pasó a Guillermo Franco en dos Mundiales, Rogelio Funes Mori en el reciente Qatar 2022 y varios más que intentaron jugar con el Tri.
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