Un recordatorio de que el trabajo bien hecho, cuando se comunica con honestidad, encuentra su espacio. Y que desde lo local, desde lo cotidiano, también se puede construir futuro.
Darle voz a los emprendedores locales siempre es un ejercicio de justicia. En un entorno donde muchas historias de éxito pasan desapercibidas, hay trayectorias que merecen ser contadas porque representan el esfuerzo diario, la constancia silenciosa y la capacidad de adaptarse a los tiempos actuales. La de Omar Estrada es una de ellas. Un joven empresario de Ciudad Valles que decidió tomar algo tan común como un teléfono celular y convertirlo en una herramienta para crecer, aprender y competir a nivel internacional.
Su historia no comienza con grandes reflectores ni con una estrategia sofisticada de marketing digital. Comienza, como muchas historias reales, con trabajo. Omar proviene de una familia dedicada al comercio de materiales para la construcción. Ahí, entre sacos, arena, viajes y entregas, descubrió que el día a día también podía contarse, mostrarse y, sobre todo, conectar con otras personas.
"Yo no soy influencer, yo soy comerciante, creo contenido de mi empresa", dice con claridad, rompiendo de entrada con el estereotipo que suele acompañar a quienes generan contenido en redes sociales. No hay poses, no hay personajes artificiales ni una vida idealizada. Hay trabajo, errores, límites y aprendizaje constante.
CUANDO LA OPORTUNIDAD LLEGA SIN AVISAR
El punto de inflexión llegó casi por casualidad. TikTok, a través de una aceleradora de empresas llamada New Ventures, lanzó una convocatoria dirigida a negocios que buscaran profesionalizar sus procesos. Omar se inscribió con una expectativa modesta. "Yo pensé que eran puros talleres... después me di cuenta que había premio", recuerda. Más de 18 mil empresas participaron en la convocatoria, provenientes de México, Colombia y Perú.
El resultado fue inesperado incluso para él. Omar quedó entre los cuatro finalistas de México, avanzando a la etapa final del proceso. "La verdad no pensaba que iba a quedar entre los cuatro finalistas", reconoce. El premio no es un simple incentivo económico; es capital semilla destinado exclusivamente a fortalecer el negocio, a profesionalizarlo, a hacerlo más competitivo.
Ese detalle no es menor. "No es que yo vaya a tener 25 mil pesos en mi cuenta... son para la empresa", aclara, subrayando una visión que distingue a los emprendedores que piensan a largo plazo de quienes buscan solo un golpe de suerte.
EL CONTENIDO COMO HERRAMIENTA, NO COMO ESCAPARATE
En una ciudad donde aún se discute si existen o no creadores de contenido con impacto real, Omar demuestra que la discusión está mal planteada. El problema no es la plataforma, sino el uso que se le da. "No es el futuro, es el presente", afirma al hablar del contenido digital como estrategia comercial. Para él, las redes sociales no son un espacio para proyectar frustraciones ni fantasías, sino una extensión del negocio.
Al principio, como a muchos, le dio pena. Grabarse mientras trabajaba, cargar material o entregar pedidos no parecía algo extraordinario. Hasta que empezó a notar los resultados. "Llegaba gente y me decía: ‘oye, tú eres el del video, quiero comprarte esto’... y de verdad funciona", relata. El contenido dejó de ser un experimento para convertirse en una herramienta real de ventas y posicionamiento.
Lo que hace diferente su enfoque es la honestidad. Omar no promete lo que no puede cumplir. "Si ahorita viene Telmex y me dice que quiere construir cuatro pisos más, no es que no quiera... es que no se lo puedo ofrecer". Esa claridad genera confianza. En un entorno saturado de promesas vacías, vender realidades se vuelve un valor agregado.
SIN FANTASÍAS, CON IDENTIDAD
Omar insiste en un principio básico: saber qué se quiere transmitir. "Hablarle a la gente como eres, con la naturalidad que Dios te otorgó", dice. Para él, el error de muchos está en intentar parecer algo que no son. Las redes, tarde o temprano, exhiben la incongruencia. "Si se cayeron las Torres Gemelas, imagínate", bromea, dejando claro que ninguna fachada es eterna.
Su contenido no busca convertirlo en celebridad, sino en referencia. Referencia de trabajo, de constancia y de uso inteligente de las herramientas digitales. Esa autenticidad también explica por qué su crecimiento ha sido orgánico y sostenido durante más de un año y medio de creación constante.
INSPIRAR DESDE LO LOCAL
Más allá de los grandes creadores de contenido que consume, su verdadera inspiración está cerca. "Me inspiraron mis amigos de aquí de Valles, gente como yo, como tú, que estamos tratando de salir adelante", afirma. Esa visión colectiva rompe con la idea de competencia individualista y apuesta por sumar, por crear comunidad y por abrir camino para otros.
Omar no se asume como un caso aislado, sino como parte de una generación de emprendedores que entendió que el talento local también puede cruzar fronteras digitales. Su historia es prueba de que no se necesita salir de Ciudad Valles para tener impacto nacional o internacional.
CONSTRUIR SIN PERDER EL PISO
El éxito no ha modificado su esencia. Sigue involucrado en el negocio familiar, sigue reconociendo el apoyo de su padre, sigue aprendiendo. Viaja cuando es necesario, se capacita, regresa y aplica lo aprendido. No hay atajos. Hay proceso.
Hoy, su nombre comienza a sonar como ejemplo de que sí se puede crecer sin disfrazarse, sin engañar y sin vender humo. Su relato no es el de una fama instantánea, sino el de una construcción constante, ladrillo por ladrillo, video por video.
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