Para México y América Latina, el caso venezolano es una lección viva sobre lo frágil que puede ser la democracia cuando se deja de cuidar.
El tema de Venezuela volvió a colocarse en el centro del debate internacional y latinoamericano. En apenas dos semanas, el país sudamericano pasó del impacto inicial de un hecho histórico a una mezcla de emociones encontradas que hoy definen el sentir de millones de venezolanos dentro y fuera de su territorio. No se trata solo de un cambio político, sino de un proceso cargado de expectativas, miedos, heridas abiertas y una urgencia social que ya no admite pausas prolongadas.
Para la comunidad venezolana, especialmente la que vive en el exilio, lo ocurrido representó un golpe emocional difícil de procesar. "Los venezolanos entramos en shock... alegría, tristeza al mismo tiempo, como una ansiedad de que todo suceda de una vez", se reconoce con honestidad. Esa sensación colectiva refleja años de espera, de frustraciones acumuladas y de promesas rotas que hacen que cualquier avance, por histórico que sea, se mire con cautela.
LIBERACIONES QUE NO ALCANZAN
Uno de los compromisos centrales del régimen en esta nueva etapa fue la liberación de presos políticos, una condición indispensable para que la transición tenga credibilidad. Sin embargo, la realidad dista mucho de los discursos oficiales. Mientras las autoridades hablan de más de 400 personas liberadas, los registros independientes y los partidos de oposición sostienen otra versión. "Han dicho que han liberado unas 406 personas cuando en realidad... sabemos que no van más de 200 personas liberadas, eso sumando diciembre y lo que va de enero".
Esta diferencia no es menor. Para miles de familias, cada nombre que falta en la lista es una herida abierta. Por eso la sensación general es agridulce: se reconoce que el proceso comenzó, pero también se percibe que avanza con una lentitud desesperante. "El pueblo venezolano no da para más, la asfixia en la que lo tiene el régimen tiene que ya tener una salida", se advierte con crudeza.
EL EXILIO COMO TESTIMONIO VIVO
Quienes viven fuera de Venezuela hablan desde la experiencia directa del autoritarismo. No es un análisis académico ni una postura ideológica distante. Es el relato de quienes tuvieron que abandonar su país por pensar diferente. "Yo soy un exiliado... una persona como tantos venezolanos que nos dedicamos al servicio público y que no podemos regresar simplemente porque opinamos o pensamos diferente".
Ese testimonio se convierte en advertencia para América Latina. La política no es un asunto exclusivo de partidos o gobernantes. Es un fenómeno que define la vida cotidiana, las libertades y el futuro de las sociedades. Cuando la ciudadanía se desentiende de los hechos políticos, otros deciden por ella. Y casi siempre, "la ley del más fuerte es el que se impone".
La pérdida de libertades no llega de golpe. Se normaliza. Se justifica. Se administra. Hasta que un día, disentir se vuelve un delito y pensar distinto se castiga con cárcel, persecución o exilio.
JUVENTUD Y SOCIEDAD CIVIL: LA BATALLA PENDIENTE
En este contexto, el papel de los jóvenes y de la sociedad civil resulta clave. América Latina es una región joven, pero paradójicamente apática frente a la política. Esa desconexión es terreno fértil para los autoritarismos. "La población joven es la mayoritaria y es la que es más apática a los hechos políticos".
La participación no implica militar en un partido. Implica involucrarse, informarse, organizarse. Desde ONG, voluntariados o movimientos sociales, los jóvenes pueden incidir si encuentran espacios que conecten con su realidad. Política no es solo discurso ni cargos públicos; también es comunidad, derechos, oportunidades y futuro.
EL FACTOR INTERNACIONAL Y LA ESPERANZA DEMOCRÁTICA
En medio de la incertidumbre, algunos gestos internacionales han sido interpretados como señales de respaldo a la causa democrática venezolana. Las reuniones, los mensajes y los posicionamientos no son improvisados. "Todo lo que el gobierno de Estados Unidos ha hecho ha sido planificado... en base a lo que sucede en Venezuela".
La figura de María Corina Machado emerge como un símbolo de esa esperanza. Las palabras pronunciadas tras encuentros clave no pasan desapercibidas: "El presidente Trump está claramente convencido de recuperar la democracia". Para la oposición venezolana, este tipo de mensajes confirman que el proceso tiene respaldo y dirección, aunque el camino sea largo y complejo.
TRANSICIÓN, JUSTICIA Y FUTURO
Nadie se engaña: las transiciones no son limpias ni rápidas. Están llenas de tensiones, concesiones y resistencias internas. Personajes ligados al poder siguen presentes, aunque la mayoría de los venezolanos no los quiera en la vida pública. "Cualquier transición no es fácil, es agria", se admite, pero también se insiste en que el objetivo final es claro: justicia, reconstrucción y elecciones libres.
La voz del exilio, amplificada por los medios, no busca protagonismo. Busca memoria, conciencia y solidaridad. Porque, como se reconoce con claridad, "gracias a ustedes los periodistas, porque son portavoces de los que no tienen voz". Y en Venezuela, aún son millones los que siguen esperando poder hablar en libertad.
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