Héctor de Luna Espinosa
Quiero compartirles el primer versículo del salmo 27, que es conocido como el salmo de David, porque él dijo: El Señor es mi luz y mi salvación; ¿a quién temeré? El Señor es la fortaleza de mi vida; ¿de quién tendré temor? Como en muchos salmos, el Rey David escribió esto estando en medio de una temporada de dificultad. Él afirmó, en medio de situaciones difíciles: el Señor es mi luz y mi salvación.
Luz y salvación. Por un lado, Dios mismo trajo luz a la vida de David; él no se desesperó en la oscuridad y todo lo que ello representaba. Su vida fue llena con el Señor y su vida fue llena con luz. Pero también Dios mismo trajo salvación a David. David sabía que Dios le había rescatado de nuevo y lo había hecho en tiempo, y sabía que así lo haría en la eternidad. La palabra hebrea para salvación significa explícitamente liberación.
El temor es una sombra negra que nos envuelve y finalmente nos aprisiona dentro de nosotros mismos. Cada uno de nosotros hemos sido prisioneros del temor en un momento dado: temor al rechazo, a ser malinterpretados, a la inseguridad, a la enfermedad e incluso a la muerte. Pero se puede vencer el temor por medio de la luz libertadora del Señor que nos da salvación. Si quieres disipar la oscuridad del temor en tu vida, recuerda junto con el salmista que el Señor es tu luz y tu sal.
Cuando seguimos a Jesús, la luz verdadera, evitamos andar como ciegos y caer en el pecado. Él ilumina la senda que tenemos delante, a fin de que sepamos cómo vivir. Él disipa la oscuridad del pecado de nuestras vidas. Te pregunto: ¿has permitido que la luz de Cristo brille en tu vida? Permite que Cristo guíe tu vida y nunca tropezarás en la oscuridad.
Jesús dijo en Juan 8, versículo 12: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. Las tinieblas de maldad nunca han triunfado ni triunfarán ni apagarán la luz de Dios.
Hagamos las palabras de David nuestra oración, nuestra declaración de fe. Repite conmigo: El Señor es mi luz y mi salvación; ¿quién temeré? El Señor es la fortaleza de mi vida; ¿de quién tendré temor? Dios te bendiga.
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