Héctor de Luna Espinosa
Hay preguntas que todos nos hacemos alguna vez, aunque no las digamos en voz alta: ¿qué pasa cuando morimos?, ¿todo termina aquí?, ¿existe algo más después de esta vida?
La Biblia no esquiva estas preguntas. Jesús habló de ellas de manera directa, clara y llena de esperanza. En Juan, capítulo once, los versículos veinticinco y veintiséis, encontramos una de sus promesas más poderosas. Jesús dijo: "Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá, y todo aquel que vive y cree en mí no morirá eternamente". Y luego hace la pregunta a Marta: "¿Crees esto?".
Estas palabras no las dijo en un momento cómodo o simbólico. Lo dijo frente a la tumba de un amigo llamado Lázaro. Había dolor, llanto y muerte real, y ahí Jesús no solo ofreció consuelo, ofreció una verdad eterna. Él nos promete que hay vida después de esta vida.
¿Qué nos está diciendo Jesús? Pues Jesús no dijo: "Yo sé cómo llegar a la vida", ni "yo enseño sobre la vida después de la muerte". Él dijo algo mucho más fuerte: "Yo soy la resurrección y la vida". Y esto significa tres cosas muy importantes.
Número uno: la muerte no es el final. Para Jesús, la muerte no tiene la última palabra. Hay vida después de esta vida.
Número dos: la vida eterna no es solo futura. La vida eterna puede comenzar ahora, cuando una persona pone su confianza en Él.
Y tres: la esperanza no depende de nuestras obras, sino de creer en Él. Jesús no habló de religión, méritos o perfección, sino de fe en su persona. Nos dijo: "El que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá".
Si entendemos esa verdad, entonces eso cambia nuestra forma de vivir. Si realmente hay vida después de esta vida, entonces el dolor no es eterno, las pérdidas no son definitivas, la muerte no es un abismo sin salida. Jesús demostró que sus palabras eran verdad cuando resucitó a Lázaro y, más tarde, cuando Él mismo venció a la muerte.
Tal vez hoy alguien que escuche este mensaje tiene miedo de morir. Tal vez ha perdido a un ser querido, o tal vez vive con un vacío que nada logra llenar. Jesús sigue haciendo la misma pregunta que hizo a Marta: "¿Crees esto?". Y no es solo una pregunta teológica, es una invitación personal a confiar en Él.
La promesa de Jesús es clara: la vida no termina en una tumba. En Cristo hay resurrección, hay vida y hay esperanza más allá de esta vida.
Te invito a orar conmigo: Señor Jesús, gracias porque Tú eres la resurrección y la vida. Gracias porque en Ti la muerte no es el final, sino el comienzo de una vida eterna. Hoy ponemos nuestra confianza en Ti y recibimos la esperanza que solo Tú puedes dar, porque el que cree en Ti, aunque esté muerto, vivirá. Amén.
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