En política, las encuestas no predicen el futuro, pero sí revelan el presente. Son, como se ha dicho tantas veces, una fotografía del momento. Y en San Luis Potosí, esa imagen comienza a definirse con nitidez rumbo a la renovación de la gubernatura en 2027, una de las 17 que estarán en juego a nivel nacional.
El escenario potosino no es menor. El estado se ha convertido en punto de conversación política nacional por diversas razones: la fuerza del Partido Verde como gobierno en turno, la interrogante sobre una posible alianza con Morena y la fragmentación opositora que aún no encuentra una fórmula sólida. En ese contexto, los números empiezan a trazar líneas claras.
Cuando se mide internamente al Partido Verde en un careo entre perfiles, destacan con amplitud dos figuras: la senadora Ruth González Silva con 31 por ciento de las preferencias y el diputado federal Juan Carlos Valladares con 17.2 por ciento. Más abajo aparecen Juan Manuel Navarro con 8.6 y Guadalupe Torres con 5.8 por ciento. El mensaje es evidente: si hoy se definiera la candidatura verde, habría dos cartas competitivas con ventaja clara sobre el resto.
Pero la política no se limita a la competencia interna. El verdadero peso de un aspirante se mide cuando se le coloca frente a otros partidos y posibles alianzas.
EL FACTOR ALIANZA: ¿SUMA O RESTA?
Uno de los escenarios analizados es el de una contienda sin alianza entre el Partido Verde y Morena. En ese supuesto, Ruth González encabezando al Verde obtendría 33.8 por ciento, mientras que Gerardo Sánchez Zumaya, por Morena-PT, alcanzaría 24.6 por ciento. La diferencia inicial sería de entre ocho y nueve puntos. No es definitiva, pero sí relevante.
Ahora bien, cuando se simula una alianza entre Verde y Morena, el tablero cambia. En el escenario medido con Juan Carlos Valladares como candidato de una eventual coalición, la ventaja frente al segundo lugar —representado por Enrique Galindo desde el PRI— se amplía de forma contundente, llegando a márgenes de entre 17 y 20 puntos. Es, prácticamente, una relación de dos a uno.
Esto confirma una realidad política: las alianzas no solo suman votos aritméticamente, también generan percepciones de inevitabilidad. Y en política, la percepción es poder.
EL DESGASTE Y LAS MARCAS
Un punto que llama la atención es el posicionamiento de Enrique Galindo, actual alcalde de la capital, quien aparece con alrededor de 20 puntos en escenarios sin alianza amplia opositora. ¿Por qué un perfil con función ejecutiva, con presencia diaria en medios y contacto permanente con la ciudadanía, no lidera las preferencias?
Hay al menos dos factores. Primero, el desgaste natural de gobernar, más aún en una segunda administración. Segundo, el alcance territorial. La capital no es todo el estado. San Luis Potosí es amplio y diverso, y lo que ocurre en la ciudad no necesariamente impacta con la misma fuerza en las regiones.
Además, cuando se mide al alcalde bajo la marca PRI sin una alianza con el PAN, el costo de la fragmentación opositora se hace evidente. La división del voto opositor suele traducirse en ventaja para quien encabeza la estructura más sólida.
Y ahí entra el peso de las marcas políticas. Hoy, el Partido Verde en San Luis está fuertemente vinculado al gobernador Ricardo Gallardo, lo que le otorga una base estructural competitiva. Morena, por su parte, mantiene una identidad nacional asociada al expresidente López Obrador y a la presidenta Claudia Sheinbaum, lo que le garantiza un piso relevante. En contraste, PRI y PAN cargan con un desgaste histórico que no desaparece fácilmente.
LOS ATRIBUTOS DE LOS PERFILES
Más allá de las marcas, los atributos individuales cuentan. Ruth González llega con el impulso de haber ganado el Senado y con un esfuerzo constante de posicionamiento estatal. Juan Carlos Valladares, desde la Cámara de Diputados, ha desarrollado una estrategia territorial y digital que le permite crecer en reconocimiento.
Enrique Galindo tiene trayectoria administrativa y experiencia en seguridad pública, lo que le da un perfil técnico y de gobierno. Gerardo Sánchez Zumaya representa la bandera de Morena en un contexto donde la marca nacional sigue siendo fuerte, aunque en el ámbito local enfrenta el reto de competir contra una estructura verde consolidada.
También destaca la presencia de Paola Longoria con 11 por ciento bajo la marca Movimiento Ciudadano, lo que confirma que la figura deportiva tiene reconocimiento y potencial de crecimiento si se construye una narrativa adecuada.
LA ELECCIÓN AÚN NO ESTÁ ESCRITA
Falta un año para el proceso formal y en política un año es una eternidad. Las candidaturas no están definidas, las alianzas no están firmadas y las campañas aún no comienzan. Sin embargo, los datos actuales muestran una tendencia clara: el Partido Verde parte con ventaja estructural y competitiva.
La gran incógnita es si habrá alianza con Morena y, del otro lado, si PRI y PAN lograrán superar sus diferencias para construir una candidatura común. De no hacerlo, la fragmentación podría convertirse en el factor decisivo.
Las encuestas no dictan sentencias, pero sí alertan. Son una radiografía del momento que permite a partidos y aspirantes ajustar estrategias, reforzar territorios y corregir debilidades. Ignorarlas sería un error; sobredimensionarlas, también.
Hoy, la fotografía muestra a dos perfiles verdes encabezando la competencia interna y a una posible alianza como elemento definitorio. Mañana, la imagen puede cambiar. Pero lo que es innegable es que la carrera por San Luis ya comenzó, y cada movimiento contará.
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