Viernes, 18 de Octubre de 2019
CIUDAD VALLES, S.L.P.
DIRECTOR GENERAL.
SAMUEL ROA BOTELLO
Semana del 17 de Agosto al 23 de Agosto de 2019

Recompensas

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Rodolfo del Ángel del Ángel


¿Cuál es mi supremo bien, mi más grande deseo, la recompensa que procuro? ¿Cuál es el afán que me cosume, el ideal que persigo, la gloria que ambiciono?

Siempre hay un interés supremo en nuestra vida, una ambición a la que aspiran nuestros actos, una motivación que orienta nuestras búsquedas y define nuestros intereses.

No obstante la complejidad de la conducta humana y los valores que impulsan a fin de cuentas no existen más que dos intereses fundamentales en la vida: vivirri para uno mismo, o vivir para los demás. Podemos orientarnos de manera egoista encerrándonos en el “sarcofago del ego,” ignorando las necesidades, sentimientos y derechos de los demás, con la pretension de que los demás giren en torno a nuestra persona como planetas alrdedor del sol; o bien podemos abrirnos al universo que significan los demás.

Un hecho fundamental e innegable es que nada de este mundo es permanente. Todo riqueza, poder, influencia que se adquiere en esta vida para traer gloria y bienestar personal al costo de ignorar al resto de la humanidad esta destinado a desaparecer. Es el egoísmo lo que ha producido todas las guerras, divisiones y rupturas. Contrariamente, toda la belleza, la bondad y le generosidad que aún sostienen este mundo han sido sembrada como semillas de esperanza en la historia por aquellos que comprendieron que el secreto del bienestar, y la verdadera felicidad está en el amor y en el servicio a los demás.

Cuando pensamos acerca del reino de Dios, nos damos cuenta de que los principios se invierten, los valores se trastocan y la existencia se orienta en un sentido diametralmente opuesto a cómo vemos que ocurre en el mundo frecuentemente. No es que el reino de Dios contradiga la realidad de las cosas, más bien las coloca en el orden debido.

En el reino de Dios, es perdonando como somos perdonados, es entregando la vida como la hallamos verdaderamente, es siendo pobres como nos enriquecemos, es sirviendo como realmente alcanzamos la grandeza.

En el reino de Dios la felicidad consiste en procurar la felicidad y el bienestar de los demás. El ambicioso acumula y vive ansioso por no perder la acumulado; el que es generoso sabe que nada vale tanto como aquellos que se da desprendidamente.
Jim Elliot, misionero entre los Aucas en el Ecuador encontró la muerte a manos de aquellos a quienes a quienes habí ido a servir en el Nombre de Cristo. Literalmente invirtió su vida, ¿Cómo es possible que una persona pueda tener semejante disposición y ser capaz de una entrega sin medida? La razón la expresó el mismo Jim Elliot en su diario cuando escribió: “Ninguno es tonto si pierde lo que no puede retener, para ganar lo que no puede perder.” Sin duda este es la interpretación más verdadera, elocuente e inspiradora que he podido hallar de las palabras de Jesús: “Todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará.”

 


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