Jazmín Viramontes
El emprendimiento de Jazmín Urbina evolucionó de ventas digitales durante pandemia, a un espacio físico, impulsado por el auge del "second hand".
Lo que comenzó como alternativa de supervivencia ante la incertidumbre laboral de la pandemia en 2020, es hoy un proyecto tangible y en expansión. Jazmín Urbina, fundadora de Snitch Bazar, inauguró formalmente su primer showroom, logrando la transición del comercio digital a un espacio físico. Reflejando el crecimiento del consumo de moda de segunda mano (second hand) y la confianza de una comunidad de clientas fieles.
Actualmente, Snitch Bazar vende decenas de prendas semanalmente y ha diversificado sus canales de comercialización, manteniendo una propuesta basada en precios accesibles, calidad cuidada y atención personalizada.
"Dos semanas antes renuncié a mi trabajo en aquel momento y pues enseguida comenzó la pandemia, se detuvieron contrataciones y todo, entonces no sabíamos qué iba a pasar. Ante la falta de trabajo comencé a vender a través de Instagram y Facebook y pues básicamente así empezó", destacó al respecto.
Este auge no fue casualidad. La pandemia trajo consigo un cambio en la psicología del consumidor, quien comenzó a valorar más el impacto ambiental de sus compras y la necesidad de optimizar sus recursos económicos.
"Empezamos a cuidar más el planeta y se dio mucho esto del segunda mano. La gente empezó a vender su clóset y fue el inicio de sacarle ventaja a la situación. Eran contactos rápidos en un punto de entrega, pero de cualquier manera servía para tener esa interacción humana que en aquel momento no se tenía; fue algo muy benéfico para las que aprovechamos para iniciar un negocio", recordó con gusto.
Uno de los mayores retos para cualquier bazar es romper la barrera del prejuicio sobre la ropa usada. Para Jaz, la clave ha sido la transparencia y una curaduría que prioriza la calidad impecable de cada pieza que sale a la venta.
"Gracias a Dios nunca tuve tanto problema con el estigma de la ropa de segunda mano porque he tratado de que toda la ropa se vea como nueva. Mis clientas saben que a las prendas casi que solo les falta la etiqueta porque técnicamente están casi nuevas. Si llegan a tener cualquier detalle, siempre atiendo a comentárselo a la compradora o, si se me llega a pasar, saben que tienen la apertura de decirme para arreglarla o bajar el precio", destaca.
Además del factor ecológico, la diferencia de precios frente a las cadenas comerciales de las plazas tradicionales ha sido el motor de fidelización de sus clientas. La joven emprendedora destaca que el valor agregado del emprendedor es el cuidado minucioso de cada prenda.
"La gente se empezó a dar cuenta de que en las tiendas a veces la ropa está más sucia o usada porque mucha gente se la prueba, y acá saben que una como emprendedora la lava, la cose, la revisa y la perfuma; son detalles que hacen la diferencia. Por poner un ejemplo tops de marcas como Lululemon que están muy en tendencia: si van a la plaza, lo más barato que van a encontrar es arriba de mil pesos. Mil pesos en una sola prenda se me hace muy exagerado. En este caso, nosotros lo tenemos en 170 pesos. Te puedes comprar ocho prendas con los mismos mil pesos que gastarías en la plaza y la verdad creo que nadie se daría cuenta que no te lo compraste en la tienda", enfatiza.
Además, detrás del éxito comercial hay una red de apoyo familiar que ha sido el pilar de Snitch Bazar desde sus días de ventas por Instagram hasta la consolidación de este nuevo espacio físico.
"Mis papás siempre me han ayudado mucho en las entregas porque, como comentaba, en aquel entonces estaba en la maestría y no era tan fácil para mí ir a entregar. Ha sido una evolución y un crecimiento con Snitch muy grande; ahorita ya me casé y ya voy a tener mi bebé. Da mucha alegría saber que muchos emprendimientos terminaron cuando pasó la pandemia, pero saber que la gente te sigue y que llegan clientes nuevos habla muy bien de la atención."
La operación actual de Snitch Bazar es dinámica. Con un volumen de ventas que se mantiene constante a través de diversos canales, Jazmín continúa expandiendo su inventario para satisfacer a una base de clientes cada vez más amplia.
"Por semana tiendo a publicar tres días en un grupo de WhatsApp, porque ahora hay que ir evolucionando y antes era más por Instagram. Publico alrededor de 30 o 40 prendas al día y se venden aproximadamente entre 15 o 20 por jornada. A la semana son alrededor de 60 o 70 prendas entre mi grupo e Instagram, pero también estamos en otras Concept Stores, por lo que tenemos un stock muy grande y esperamos seguir creciendo lo que se pueda."
Finalmente, Jaz Urbina reflexiona sobre lo que implica mantener un negocio vivo en un mercado saturado. Para ella, el miedo a la inversión es natural, pero la pasión por el oficio es lo que inclina la balanza hacia el éxito.
"Emprender es un riesgo muy grande y lo que más puede dar miedo es la inversión o que la mercancía se estanque, pero creo que la constante es lo que hace que funcione un negocio. A mí me gusta mucho la ropa, mucho tiempo trabajé en una boutique y siempre fue mi sueño estar en algo relacionado con esto. Si es algo que les apasiona, ya llevan ganado el 50 por ciento; lo demás es la interacción y el buen trato con el cliente", puntualizó.
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