Alberto Capella | consultor de seguridad
Detenciones, cifras y discursos no sustituyen la realidad cotidiana: la seguridad se mide en las calles, no en las redes sociales.
México vive un escenario de seguridad particularmente complejo y enrarecido. Los acontecimientos recientes relacionados con exgobernadores, investigaciones sobre presuntos delitos y casos de enorme impacto público vuelven a recordarnos que la justicia y la seguridad no pueden analizarse solamente desde la narrativa política.
Existe hoy una evidente contradicción entre lo que las instituciones comunican y lo que buena parte de la ciudadanía percibe.
Desde el ámbito oficial se habla de reducción de homicidios, resultados operativos y detenciones relevantes. Sería irresponsable negar que existen avances y capturas de alto impacto. Sin embargo, también sería un error pensar que esos resultados son suficientes cuando millones de ciudadanos continúan enfrentándose al cobro de piso, la extorsión, el robo y distintas expresiones de violencia.
La seguridad no puede evaluarse exclusivamente con una conferencia de prensa o una gráfica. Debe sentirse en la calle.
EL PELIGRO DE CONTROLAR LA NARRATIVA
Me preocupa que estemos entrando en una etapa donde controlar la información parece más importante que entender la realidad.
Cuando un gobierno dedica mayores esfuerzos a demostrar que todo marcha bien que a reconocer dónde están los problemas, termina construyendo una burbuja. Y ninguna estrategia de seguridad puede corregir aquello que primero se niega a reconocer.
A esto se suma un fenómeno que considero cada vez más peligroso: la dictadura del like.
Gobiernos, funcionarios y actores políticos han comenzado a utilizar las redes sociales como instrumento de legitimación. Se confunde interacción digital con respaldo ciudadano; tendencia con aceptación; miles de reacciones con gobernabilidad.
Pero las redes también pueden manipularse, amplificarse artificialmente y formar parte de estrategias de comunicación. Gobernar observando únicamente ese espejo termina desconectando a las autoridades de la realidad.
SEGURIDAD TAMBIÉN ES ECONOMÍA
La inseguridad tampoco se limita a homicidios o estadísticas criminales.
Cuando una crisis de seguridad afecta exportaciones, ahuyenta inversiones, modifica decisiones internacionales o altera actividades económicas, sus consecuencias llegan directamente al bolsillo de las familias.
La seguridad está íntimamente relacionada con economía, infraestructura, salud, inversión y calidad de vida. Por ello, deteriorar la confianza en las instituciones tiene un costo mucho mayor del que aparece en cualquier reporte mensual.
RUMBO A 2027
Todo esto tendrá inevitablemente una dimensión política.
En 2027 diversas entidades enfrentarán procesos electorales y cada región llegará con problemas particulares. Baja California no vive la misma realidad que Sinaloa, el centro del país o el sureste mexicano.
Habrá información, acusaciones, escándalos y una intensa disputa por controlar la conversación pública.
El desafío para los ciudadanos será distinguir entre propaganda y resultados.
Porque al final, por encima de tendencias, partidos y millones de likes, existe una pregunta mucho más sencilla: ¿la gente se siente realmente más segura?
Esa respuesta, y no cualquier campaña digital, debería ser el verdadero indicador del éxito de un gobierno.
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