Viernes, 14 de Junio de 2024
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Los 10 leprosos

Los 10 leprosos

Héctor de Luna Espinosa



En los alrededores de un pueblo, habitaba un grupo de leprosos, seres marginados y excluidos por la sociedad debido a su enfermedad. La lepra no solo afectaba sus cuerpos, sino también su lugar en la comunidad. Eran obligados a mantenerse alejados de las personas y anunciar su presencia si alguien se acercaba. Sin embargo, un día, escucharon hablar de alguien especial: Jesús. Su reputación como sanador y ser compasivo despertó una chispa de esperanza en sus corazones.

El Evangelio de Lucas narra este encuentro con una emoción palpable. "Yendo Jesús a Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea, y al entrar en una aldea, le salieron al encuentro diez hombres leprosos", relata el texto. Desde lejos, con voces llenas de súplica, clamaron: "¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros, los leprosos!"

A pesar de la distancia, Jesús, lleno de compasión, les dio instrucciones. "Id, mostraos a los sacerdotes", les dijo. Y mientras iban en camino, fueron sanados. Antes de que su curación se manifestara por completo, Jesús los envió a presentarse ante los sacerdotes, y así sanaron en el camino, respondiendo con fe a su palabra.

Sin embargo, entre los diez sanados, solo uno regresó para dar gracias a Jesús. Este acto de gratitud sobresalió en medio de la multitud. En Lucas 17:15, se relata: "Entonces, uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió glorificando a Dios a gran voz, y se postró rostro a tierra a sus pies, dándole gracias". Este hombre, un samaritano, fue el único que expresó su gratitud de manera tan profunda.

La reacción de Jesús ante este gesto es reveladora. Pregunta por los otros nueve, señalando la ausencia de agradecimiento. "¿No son diez los que fueron limpiados? ¿Y los nueve? ¿Dónde están?", cuestionó. Y reconociendo la gratitud del samaritano, Jesús le dijo: "Levántate, vete; tu fe te ha salvado".

Esta historia, más allá de ser una sanación física, es un testimonio de la transformación interior que ocurre cuando la fe y la gratitud se entrelazan. Jesús no solo sanó sus cuerpos, sino que también resaltó la importancia de reconocer y agradecer las bendiciones recibidas.

La narrativa también nos invita a reflexionar sobre nuestra propia fe. ¿Es tan grande nuestra confianza en Dios que creemos en lo que Él dice, aún antes de que suceda? Además, aunque Dios no exige nuestra gratitud, se complace cuando reconocemos sus bondades y nos enseña más sobre Él mismo a través de nuestro espíritu agradecido.

La historia de los leprosos frente a Jesús nos recuerda la compasión y el poder sanador de Cristo, subrayando la importancia de la gratitud en nuestras vidas. Cada día que vivimos es una oportunidad para reflexionar sobre las bendiciones recibidas, manifestando gratitud hacia Dios y hacia aquellos que nos rodean.

La lección final es clara: la gratitud no solo es un acto de cortesía, sino una expresión poderosa de fe y reconocimiento de las bondades divinas. Agradezcamos cada día, reconociendo el amor y la gracia de Dios en nuestras vidas.

 


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