Martes, 29 de Noviembre de 2022
CIUDAD VALLES, S.L.P.
DIRECTOR GENERAL.
SAMUEL ROA BOTELLO
Semana del 30 de Septiembre al 06 de Octubre de 2022

La familia de Dios

La familia de Dios

Rodolfo del Ángel del Ángel



Ser parte de una familia es de suma importancia, nos da un sentido de pertenencia y de seguridad, sobre todos nos hace sabernos amados y aceptados de manera plena e incondicional. Desde luego, debido a nuestra humana debilidad, no siempre la familia es ese remanso de paz, bienestar y felicidad que deseamos, pero cuando Dios es el centro de nuestras vidas y hogares, podemos tener esperanza de que todo aquello que se presenta como un obstáculo a la armonía y la unión se puede resolver a través de la paciencia, el perdón y el espíritu de gracia que debe presidir nuestras palabras y acciones. No obstante, hay tantas personas en el mundo que han crecido en un hogar roto y llevan en su corazón las heridas que tal experiencia les ha producido. Pero, qué maravilloso saber que para Dios siempre importamos. Él nos acepta de manera incondicional con el amor perfecto de un padre bueno y la ternura de una madre que abraza, cuida y alimenta.

El apóstol Pablo, escribiendo a las iglesias de la región de Galacia les dice: "Todos ustedes son hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús" (Gálatas 3:26) Hay grandes y preciosas verdades en esta estas palabras. Primero, Dios nos ha adoptado como sus hijos, podemos llamarle libremente Padre y saber que somos amados por Él con un amor perfecto, constante e incondicional.

Nos dice también que esto ha sido posible porque estamos unidos a Cristo Jesús por la fe. La condición de hijos es uno de los privilegios del evangelio que recibimos, al igual que la salvación, de manera libre y gratuita de parte de Dios. No merecíamos tal bendición, pero Dios es tan bueno que ha querido hacernos sus hijos e hijas para siempre, y esto ha sido posible gracias a la obra redentora de Cristo. El gozar de tal derecho fue alcanzado a un costo muy elevado: la sangre de Cristo derramada en la cruz del calvario.

Tal entrega sacrificial no solo ha hecho posible el perdón de nuestros pecados, sino que nos ha concedido la libertad espiritual y la de ser llamados hijos de Dios con todos los privilegios que ahora por gracia nos corresponden.

Pero hay una bendición más implicada aquí en nuestra nueva condición de hijos de Dios. ¡Ahora soy parte de una nueva familia! Así como estamos unidos a Cristo en una comunión inquebrantable, estamos unidos a quienes confiesan a Dios como nuestro común Padre. Por lo tanto, somos una familia reconciliada y unida por los lazos de la sangre de Cristo.

Esto significa que debo amar a todos aquellos que forman parte de esta familia, procurar su bien y edificación y fortalecer constantemente la unidad que tenemos mediante Cristo Jesús. Esto es algo maravilloso, porque ahora formo parte de una familia donde soy bendecido y aceptado incondicionalmente, pero también hay aquí un gran llamado para toda la vida, debo tratar con paciencia y gracia a todos mis hermanos y hermanas, ejerciendo el fruto del Espíritu que es: "Amor, alegría, paz, paciencia, gentileza, bondad, fidelidad, humildad y control propio". (Gálatas 5:22)

Ciertamente que nadie es perfecto aquí, por lo tanto, se requiere ser guiados y entrenados en el amor fraternal de tal manera que nuestra unidad y comunión se fortalezca constantemente. Dios nos conceda por la gracia de su Espíritu ser guiados por su sabiduría de tal manera que ser parte de esta familia sea siempre edificante, de testimonio y bendición y de esa manera juntos, como una familia, podamos adoremos y sirvamos a Dios en medo de un mundo necesitado y hambriento de amor verdadero.

 


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